2011/05/08

elkarrizketa | Benedetta Tagliabue: «La buena arquitectura siempre es austera, tiene un lado de renuncia»

Imagen: La Nueva España
Benedetta Tagliabue | Arquitecta, jurado del premio «Príncipe de Asturias» de las Artes | «La buena arquitectura siempre es austera, tiene un lado de renuncia»
«No somos conscientes de lo que ocurre en China, todo se desarrolla a un ritmo y un tamaño que nosotros no hemos experimentado nunca» «El Niemeyer es un milagro»
Andrés Montes | La Nueva España, 2011-05-08

La arquitecta Benedetta Tagliabue (Milán, 1963) ha estrenado su vínculo con la Fundación Príncipe de Asturias en un momento de cambios que la han llevado a convertirse en «la nueva» del jurado que otorgó esta semana el premio de las Artes al director de orquesta Riccardo Muti. Su vida y su carrera personal están marcadas por el encuentro con Enric Miralles, cuya temprana muerte hace once años truncó una trayectoria profesional excepcional y lo convirtió, en palabra de Rafael Moneo, «en un fulgurante comenta».

Con ese español cantado y de erres alargadas que les sale a los italianos, y con un torrente de vitalidad a prueba de madrugones, Tagliabue defiende la arquitectura depurada, compleja y abierta a la novedad, ideas materializadas en el pabellón de España en la exposición Universal de Shanghai. Aquel «cesto» de 8.500 placas de mimbre que recubren una estructura de acero le abrió las puertas de China y la arquitecta vive, en contraste con el abatimiento que se ha adueñado de los estudios, un momento de efervescencia de proyectos.


-¿Como jurado del premio «Príncipe de las Artes», barre en favor de la arquitectura ?

-Al principio pensé que tenía que hacer esa papel de defensa de un gremio y después recapacité. Lo que se busca es dar un premio a la persona con más significado. Intento hacer ese ejercicio y no dejarme llevar sólo por la defensa de mi profesión.

-Da la impresión de que los arquitectos, o al menos algunos, nunca fueron tan visibles como ahora, cuando a veces el personaje llega incluso a ensombrecer su propia obra.

-Es un buen momento para los arquitectos. Antes era una profesión más de servicio, con un desarrollo interno que desde fuera no se reconocía. Esta mayor proyección coincide con un momento en el que las ciudades quieren cambiar, transformarse, identificarse, y los arquitectos tienen que hacer ese papel de publicitarios, de personas con capacidad para individualizar los lugares. Eso ya ocurría en el pasado, pero ahora más.

-Pero buscando ese efecto de imagen nos encontramos con excesiva frecuencia con un vaciamiento de la arquitectura, que olvida su cometido elemental de hacer que los edificios sean habitables, que funcionen.
-A veces se le ha pedido demasiado a la arquitectura. Pienso en milagros como el «efecto Bilbao» y parece que eso se puede aplicar a todo. Hay que pensar que detrás de cada una de estas operaciones no hay sólo arquitectura, se mueven otras fuerzas, otras instituciones sin las que el proyecto no sale adelante. La arquitectura sola no puede funcionar si no tienes un buen programa, un buen emplazamiento, una buena gestión, un buen cliente. Ahora hay una ola de retorno a una arquitectura austera. La buena arquitectura siempre es austera, tiene un lado de renuncia, pero no debe hacerse de esto una ética estricta. Me gusta también una arquitectura muy compleja, alegre, juguetona, algo que tiene la arquitectura de Niemeyer, que combina detalles franciscanos con la exuberancia. Ése es un equilibrio al que sólo llegan los maestros.

-Usted ha compartido vida y profesión con Enric Miralles, arquitecto de referencia desaparecido en plena madurez creativa. ¿Se siente administradora de una herencia?
-Sí. Por eso quiero poner en marcha la Fundación Enric Miralles. Pero procuro que sea una herencia viva, seguir viviendo, haciendo las cosas, cambiándolas. Por eso, si sale adelante, la Fundación tiene que estar orientada a crear cosas, que involucre a gente joven. Enric era un persona muy vital y muy inesperada. Ese espíritu es mucho más fuerte que ir al archivo a ver sus dibujos originales.

-Esa capacidad de sorprender se traduce en proyectos que parecen siempre distintos y que rompen con los cánones de regularidad formal a los que estamos acostumbrados.
-Enric era una persona muy especial. Lo veo a través de mis hijos, que han heredado un poco ese mundo de fantasía. Ha desarrollado una manera de hacer bastante diferente que ha influido mucho en generaciones más jóvenes aquí y fuera de España. Los libros en los que se publicaban los proyectos de Enric son vendidísimos ahora en China, lo que significa que hay una influencia muy grande de cosas que haces en su estudio, con un equipo de pocas personas.

-¿Esos resultados suponen una manera de trabajar muy distinta de la habitual, existe algún método específico?
-No hay método, pero sí unas marcas de la casa, una manera de dibujar, especialmente cuando se dibujaba a mano, muy precisa. Ahora dibujamos a mano los primeros croquis y todo lo demás es ordenador. Cuando estaba Enric, él era el único que tocaba los croquis. Ahora no, hay muchas más manos y me gusta mezclar las contribuciones de colaboradores. Después hago ese acto antipático de ir escogiendo,

Benedetta Tagliabue aprovechó su estancia en Asturias para conocer el Centro Niemeyer de Avilés, un espacio y unos edificios que elogia sorprendida por el buen final tras una gestación atípica.

-Encaja perfectamente con el puerto, con la zona industrial.

-Pues quien hizo los trazos originales desconocía el lugar donde iba a levantarse.

-Esto es lo increíble. Me han explicado que antes nació el proyecto, que es un proyecto bastante abstracto. y después la localización. No sé a quién hay que dar las gracias por haberlo insertado tan bien.

-Pero los resultados no siempre son ésos cuando se proyecta al margen de todo.
-Conlleva un riesgo grande desconocer el entorno, las necesidades, el carácter del lugar. Pero en este caso es sorprendente. Primero me ha sorprendido la proporción de todo, que es espléndida. Cuando lo ves de lejos, piensas que es una planta industrial que no sabes qué produce. Y después las curvas te dan efectos ópticos especiales. Todo parece controlado y pequeñito hasta que entras en el interior y compruebas que son espacios enormes. Todo parece fácil y funciona bien. Es un gran regalo para la ciudad y para España. Y también para Niemeyer porque, a su edad, llegara a levantar en un lugar al que no has ido una obra tan importante tiene que ser magnífico. Es un milagro.

Fuente
Benedetta Tagliabue | Arquitecta, jurado del premio «Príncipe de Asturias» de las Artes | «La buena arquitectura siempre es austera, tiene un lado de renuncia»
«No somos conscientes de lo que ocurre en China, todo se desarrolla a un ritmo y un tamaño que nosotros no hemos experimentado nunca» «El Niemeyer es un milagro»
Andrés Montes | La Nueva España, 2011-05-08

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