Arquitectura integral e integrada en Cáceres
Tuñón y Mansilla lidian con el patrimonio desde el presente
Anatxu Zabalbeascoa | El País, 2011-01-03
Que el pasado devore al presente es el peligro de las ciudades históricas cuyo corazón no ha sido engullido por el eclecticismo acelerado de la contemporaneidad. Renacentista, pobre, monumental y sobria, Cáceres llegó tarde al mapa de los destinos turísticos. Y ha sabido exprimir ese retraso. Por su centro se puede pasear en silencio. Aún hoy, es más fácil tropezarse con un convento que vende dulces que con una tienda de recuerdos.
Ese marco austero no necesita ser nostálgico. Por eso hace unos años la Junta de Extremadura elaboró un plan que a la idea de proteger el centro histórico unía la de revitalizarlo. Como parte de ese programa, los dueños del restaurante Atrio -el monumento gastronómico local con dos estrellas Michelin- quisieron reubicar su negocio y levantar un hotel con 14 habitaciones. Les había tocado la lotería con el emplazamiento de su proyecto y les volvió a tocar con la elección de los arquitectos: Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla, los mejores entre los serios, los innovadores entre los sobrios. Pero los autores del MUSAC de León no empezaron bien.