2007/03/01

prensa | Eduardo Chillida humillado en Uribitarte

Eduardo Chillida humillado en Uribitarte
Inauguración en el complejo urbanístico Isozaki Atea
Nacido en Barcelona en 1946, el autor fijó su residencia en Bilbo en 1986 y, desde entonces, destaca por su labor en defensa del patrimonio industrial y portuario de la villa. El proyecto diseñado por Arata Isozaki para Uribitarte es objeto de su más dura crítica. La inadmisible manipulación que ha hecho Isozaki de este lugar ha llegado al extremo de colocar la escultura de Chillida como la pieza que adecente un lugar turbio. Algo indignante. No se comprende que la familia del escultor haya admitido esta humillación.
Iñaki Uriarte | Arquitecto | Gara, 2007-03-01

Ayer fue un día triste para la cultura, en concreto para la escultura en espacios públicos. En el paraje de Uribitarte, frente a la ría del Ibaizabal, se «celebró» la colocación de una escultura de Eduardo Chillida, "Buscando la Luz IV''. Una gran pieza de acero cortén, de 8,5 metros de altura, configurada como un rectángulo vertical abierto por un lado, que se ensancha en su parte superior a modo de capitel ondulante en sus tres lados, abriéndose y entregándose en el horizonte la luz, por excelencia. Esta escultura, intrínsecamente, en cuanto que creación cultural es una bella obra que como otras contemporáneas, admite opiniones pero, evidentemente, no un frívolo juicio negativo, sino un elogio formal y espiritual.

La promotora, para intentar adecentar tan corrupto espacio, decidió colocar una obra de Chillida, que culturizase una vulgar y exagerada escalinata, que cierta prensa, perversamente, para agradecer la estancia en Japón que les pagó la empresa, pretende comparar con la Scalinata di Piazza Spagna, magistral obra de Francesco de Sanctis de 1723-26, pensando que la sociedad es inculta e insensible.

El gran escultor vasco, cuando se enfrentaba a un emplazamiento, mantenía un profundo diálogo entorno al espacio preexistente circundante y sus circunstancias condicionantes, y al nuevo que con su creación se iba a generar, estableciendo una jerarquía presencial basada en la historia, el entorno y la mesura, en suma: un respeto.

En el "Peine del Viento", de 1977, con la colaboración del arquitecto Luis Peña Ganchegui, crea un lugar donde finalizaba una geografía sin un compromiso concreto, en un respetuoso diálogo con el horizonte y desafío matérico con la naturaleza, la mar. El resultado es sencillamente apoteósico: uno de los espacios artificiales más bellos del mundo.

En Loiola, ante la arquitectura barroca de la basílica, entiende, con inteligente humildad, que su presencia no debe alterar la axialidad del monumento que, enfatizada, proviene desde el casco urbano de Azpeitia y sitúa, el 10 de abril de 2000, su escultura "Enparantza II (Homenaje a San Ignacio)'', creada años antes, en el ángulo izquierdo de la extraordinaria escalinata del templo.

Cuando Chillida fallece empieza un período de enorme desconcierto espacial y se aprecia una desconsiderada torpeza en el emplazamiento de sus esculturas. El primer error aparece en Abandoibarra, donde la pasarela proyectada por su amigo José Antonio Fernández Ordóñez, pero construida ya fallecido, evidencia una obra torpe, sumamente agresiva con la Universidad de Deusto existente en el frente de la ría desde 1886. Para compensar la barbaridad, en la orilla opuesta se coloca en el eje de la pasarela, como remedio, un chillida, "Begirari IV'', próximo a unas farolas también en acero cortén y de similar volumen, que crean una confusión perceptiva. Chillida es imposible que hubiese aceptado este chantaje, en contra de su voluntad, que sólo admitía estar «cerca» del puente. Después, en el hotel, de aspecto carcelario, Sheraton, inaugurado en julio de 2004, su entorno familiar acepta, extrañamente, que el bar de este fracasado edificio lleve el nombre de cafetería Chillida.

Estando Chillida en un jurado artístico en Catania, la señora Lola Mitjants, esposa del director de La Caixa, Josep Vilarasau, le propuso hacer una escultura «del material que fuese» sin ningún tipo de limitaciones para decorar un área de servicio de la autopista A-7. A Chillida la propuesta no le interesaba. Dada su insistencia le responde: «A mí lo que me interesa es el viento, no la velocidad». Y ante sus desesperadas peticiones reafirma: «Para mí la escultura es tan importante como el espacio que ha de ocupar».

Donde la humillación alcanza el grado de degradación espacial es en Uribitarte. Esta explanada resultaba tan árida que hacía falta un adorno resistente. Es un paraje conflictivo por la proximidad de discotecas, pubs y bares que generan continuos problemas de sociabilidad. El graderío invita al botellón, el suministro está cerca y desgraciadamente la escultura, por su forma, tiene demasiadas probabilidades de convertirse en una cabina urinario.

La inadmisible manipulación que ha hecho Isozaki de este lugar ha llegado al extremo de colocar la escultura como la pieza que adecente un lugar turbio. Algo indignante. No se comprende que la familia del escultor, al igual que hizo en Toledo con la escultura "Lugar de Encuentros V'', denunciando las continuas agresiones, que no se cuidase el entorno y solicitando se retirara la obra, haya admitido esta humillación. Han aceptado que una escultura suya aparezca como pretexto comercial para dinamizar un lugar inmobiliario, oprimida y ridiculizada por dos rascacielos, y lo que todavía es peor, rodeada a pocos metros por seis farolas. Jamás se había visto una obra de arte entre postes y focos.

¿Qué concepto tiene Isozaki y quienes le rodean del monumento y su entorno? ¿Dónde esta la autoestima por la perpetuidad del prestigio del gran escultor vasco, la dignidad y la idoneidad?

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